Palabra del Padre · Día 252/366
El rencor que envenena
“Ninguna raíz de amargura, brotando, os perturbe, y por ella muchos sean contaminados.”
Hebreos 12:15
Hijo mío, hija mía, el rencor que guardas no está lastimando a quien te ofendió. Te está lastimando a ti, todos los días, un poco más hondo. Es como beber veneno esperando que el otro muera. Mientras tanto, tu sueño empeora, tu humor cambia, y las cosas buenas de tu vida quedan con sabor amargo sin que ni siquiera sepas por qué.
Yo conozco esa raíz. Crece escondida, alimentada por recuerdos que repites en tu mente, por conversaciones imaginarias donde por fin dices todo lo que debiste haber dicho. Pero esa raíz no te da paz. Solo se extiende y contamina hasta relaciones que no tenían nada que ver con la ofensa original.
Hoy quiero arrancar esa raíz contigo, no solo, porque sé que duele arrancar lo que ya hizo casa dentro del pecho. Dame la mano. Vamos a cavar hondo, a quitarte lo que solo sirve para envenenarte, y a plantar en su lugar algo que dé fruto de verdad.