Palabra del Padre · Día 117/366
Una vasija de barro que carga luz
“Tenemos empero este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros.”
2 Corintios 4:7
Sé que miras tus grietas, los defectos, los límites, las veces que te quebraste por dentro y nadie lo notó por fuera, y piensas que eso te descalifica para cargar algo importante, para ser usado en algo más grande que tu propio dolor. Te comparas con quien parece más entero, más resuelto, y te sientes pequeño al lado de esa imagen.
Pero elegí justamente vasos de barro, frágiles, agrietados, comunes, sin brillo propio, para cargar mi tesoro más valioso. No elegí vasos de oro impecables y relucientes, porque entonces parecería mérito tuyo, conquista tuya, fuerza tuya. Elegí el barro exactamente para que quedara claro, sin sombra de duda, que el poder es mío, no tuyo.
Tus grietas no te impiden cargar luz para otras personas, muchas veces son exactamente por donde esa luz atraviesa y llega a quien más la necesita. No te avergüences de la vasija que eres. Fue escogida así, agrietada y todo, a propósito, para esta misión.