Palabra del Padre · Día 175/366
Ni una sola lágrima tuya se pierde
“Mis huídas has tú contado: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están ellas en tu libro?”
Salmos 56:8
Quiero que sepas algo que tal vez nadie te haya dicho nunca: ninguna lágrima tuya cayó en vano, ni una sola. Las conté todas, una por una. Guardé cada noche que lloraste a escondidas bajo la cobija, cada mañana en que despertaste con el rostro pesado de tanto llorar, cada oración que salió más en sollozo que en palabra formada.
El mundo a veces trata tu llanto como debilidad, como algo para esconder rápido antes de que alguien lo vea y juzgue. Yo lo trato de un modo completamente distinto: lo recojo, lo registro, lo guardo como algo precioso y sagrado, porque cada lágrima tuya cuenta una historia que conozco de cerca, con detalles que solo yo sé, y que me importa profundamente.
Hoy, si tienes ganas de llorar, no te aguantes por mí, no hace falta. No me incomoda el llanto, todo lo contrario: me acerco a él. Y un día, el mismo Dios que guardó tu llanto con tanto cuidado también lo va a enjugar por completo, sin dejar rastro de tristeza.