Palabra del Padre · Día 172/366
Escucho el clamor, no solo el habla calmada
“Busqué a Jehová, y él me oyó, Y libróme de todos mis temores.”
Salmos 34:4
Sé que a veces tu oración no sale en frase organizada, bonita, con principio y fin. Sale en llanto, en grito ahogado en la almohada para que nadie lo oiga, en clamor que ni siquiera tiene principio, medio y fin claros. Hijo, eso también lo escucho, y tal vez incluso más de cerca, porque un clamor sincero lleva la verdad desnuda de lo que te está lastimando, sin ningún adorno encima.
No necesitas disculparte por llorar mientras oras, por gritar por dentro sin lograr hablar en voz alta, por no conseguir armar una oración "bonita" en medio de la crisis que estás viviendo. Respondo al clamor tanto como respondo a la oración calmada y serena. Lo que me importa es que vengas, del modo en que logres venir hasta mí, aunque sea en pedazos.
Hoy, si el miedo es demasiado grande para cargarlo solo, clama de verdad, sin vergüenza. Te prometo que estoy escuchando, atento a cada sonido que sale de ti, y que esa misma promesa que libró a tanta gente del temor en el pasado sigue siendo válida para ti ahora, hoy, en este mismo momento.