Palabra del Padre · Día 174/366

Deja de remar, déjame sostener el timón

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.

Salmos 46:10

Sé que andas tratando de resolverlo todo con tus propias manos, remando fuerte en una corriente que ni siquiera debería ser tuya para vencer solo. Y en medio de toda esa lucha, te olvidas de hacer lo más simple: detenerte. Quedarte quieto. Recordar que existe un Dios que sostiene el timón, y ese Dios soy yo.

Quedarse quieto no es debilidad ni pereza — es un acto de fe. Es admitir que no necesitas controlar cada resultado, cada respuesta, cada situación, porque quien controla de verdad soy yo. Cuando te detienes, aunque sea por unos minutos, y simplemente respiras recordando quién soy, la ansiedad pierde un poco de la fuerza que tenía sobre ti.

Hoy, intenta esto: detén lo que estés haciendo, respira profundo, y solo recuerda — yo soy Dios, y estoy en control de eso que te aflige. Puedes soltar un poco el timón.

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