Palabra del Padre · Día 146/366
Gracia para quien lastimó
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.”
1 Juan 1:9
Vi el rostro de a quien lastimaste. Vi la conversación que aplazas porque no sabes cómo pedir perdón sin parecer débil, o porque te da vergüenza el daño que tú mismo causaste en una amistad, en un matrimonio, en una familia. Ser quien causó el dolor, y no quien lo sufrió, también pesa, y pesa mucho.
No te pido que minimices lo que hiciste. Te pido que confieses, a mí primero, y después, cuando sea posible, a quien lastimaste. Confesar no es humillación; es el camino más corto hacia la libertad. Y yo soy fiel y justo para perdonar, no reacio, no de mala gana. En cuanto confiesas de verdad, yo ya perdono de verdad.
La persona que lastimaste puede tardar en reconstruir la confianza, y eso es derecho suyo. Pero no necesitas cargar la culpa como si yo todavía estuviera cobrando esa deuda. Yo ya la borré.