Palabra del Padre · Día 142/366
Cuando ni siquiera sabes orar
“Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles.”
Romanos 8:26
Conozco ese momento de rodilla doblada y boca cerrada, cuando el dolor es tanto que ni siquiera sale una palabra. Quieres orar, pero no sabes ni por dónde empezar, no sabes ni qué pedir bien, solo puedes llorar o quedarte en silencio mirando al techo. No considero eso una oración fallida.
Mi Espíritu entra justo en ese vacío. Cuando no sabes qué pedir, él intercede por ti con gemidos que ni en palabras se convierten, traduce tu dolor mudo en un lenguaje que yo entiendo perfectamente. No necesitas tener el discurso listo para que te escuche.
Así que la próxima vez que solo salga un suspiro, solo salga una lágrima, solo salga silencio, sabe que eso ya llegó hasta mí. Una oración incompleta hecha con sinceridad vale más para mis oídos que un discurso bonito y vacío. Sigue viniendo así, como puedas, que yo completo el resto.