Palabra del Padre · Día 134/366
Cuando la traición lastima
“Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.”
Efesios 4:32
Sé del dolor de ser traicionado por alguien en quien confiabas. La mentira descubierta, la confianza que se hizo polvo, la pregunta que no sale de la cabeza: "¿cómo pudo hacerme esto?". No voy a minimizar ese dolor diciéndote que lo olvides rápido. Una herida de traición necesita tiempo para sanar de verdad.
Pero quiero caminar contigo por ese proceso, porque sé que la amargura, si se queda guardada, lastima más a quien la guarda que a quien traicionó. Perdonar no es decir que no dolió, ni es reconstruir la confianza automáticamente. Es entregarme a mí el derecho de cobrar esa deuda, porque yo ya pagué una deuda mucho más grande por el mundo entero en la cruz.
No necesitas perdonar hoy si todavía estás sangrando. Pero puedes empezar entregándome ese dolor, un pedazo a la vez, hasta que un día, en tu tiempo, el perdón nazca de verdad y te libere más de lo que libera a quien te lastimó.