Palabra del Padre · Día 358/366
La palabra que diste
“Aquel á cuyos ojos es menospreciado el vil; mas honra á los que temen á Jehová: y habiendo jurado en daño suyo, no por eso muda.”
Salmos 15:4
Hijo mío, hija mía, hiciste una promesa, a mí o a alguien, en un momento de fe o de compromiso, y ahora que cuesta más de lo que imaginabas, apareció con fuerza la tentación de retroceder. Mantener la palabra dada, cuando el precio subió, es una de las pruebas más silenciosas de carácter que existen.
Yo valoro a quien cumple lo que prometió aun cuando duele, aun cuando sería más fácil y más barato volver atrás. Esto no significa mantener promesas que te ponen en peligro o te hacen pecar; significa no usar la dificultad como excusa para dejar de ser íntegro cuando tienes plenas condiciones de cumplir.
Mira la promesa que pesa hoy. Si es buena, si es justa, yo te doy fuerzas para sostenerla hasta el final, aun con daño. Si necesita ser revisada con sabiduría, hazlo con honestidad, no con huida silenciosa. Yo soy fiel a mis promesas, y quiero formarte del mismo modo.