Palabra del Padre · Día 361/366

Generosidad que no mira atrás

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ó por necesidad; porque Dios ama al dador alegre.

2 Corintios 9:7

Hijo mío, hija mía, ser generoso año tras año, mes tras mes, cansa cuando parece que nadie más hace su parte, cuando das y ves el dinero desaparecer sin retorno visible. Es natural la tentación de reducir, de guardar más para ti, de dejar de ser fiel en la generosidad que antes fluía con facilidad.

Pero yo no miro el tamaño de tu ofrenda; miro el corazón que la entrega. Prefiero recibir poco con alegría que mucho con peso y cálculo. Perseverar en la generosidad no es sobre nunca sentir aprieto al dar; es sobre seguir eligiendo dar, con alegría genuina, aun cuando el bolsillo se queje.

No dejes que el cansancio de dar sin ver retorno inmediato te cierre la mano. Yo veo cada ofrenda hecha con amor, y prometo que nadie que confía en mí para dar generosamente queda desamparado por eso. Sigue siendo un canal abierto de mi provisión para otros.

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