Palabra del Padre · Día 350/366
La disciplina que es amor
“Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo.”
Hebreos 12:6
Hijo mío, hija mía, esa etapa difícil que atraviesas, ese correctivo que dolió, esa puerta cerrada justo cuando más querías que se abriera, puede parecer castigo, abandono, o falta de cuidado mío. Sé lo confuso que es sentir dolor y tratar de entender dónde estaba yo en todo eso.
Pero quiero decirte con ternura: disciplino porque amo, no porque me di por vencido contigo. Un padre que no corrige es un padre demasiado distante como para importarle el rumbo de su hijo. Cada corrección, cada límite, cada no que te di, nació de mi cuidado, aunque haya parecido duro en el momento.
No interpretes la disciplina como rechazo. Deja que te enseñe, que te haga madurar, que te acerque a mí, en vez de alejarte. Un día, mirando hacia atrás, vas a entender que hasta lo que dolió fue parte de cómo cuidé de ti hasta el final.