Palabra del Padre · Día 307/366
Esperanza por el hijo que se alejó
“Y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”
Lucas 15:20
Miras la silla vacía en la mesa, el cuarto demasiado ordenado porque nadie lo toca, y te preguntas si ese hijo, esa hija, todavía va a volver. El dolor de amar a alguien que eligió estar lejos es uno de los más silenciosos que existen, porque nadie pregunta por él en una conversación de ascensor.
Conozco ese dolor mejor que nadie. La parábola que conté sobre el hijo que se fue de casa no termina con el padre renunciando a mirar el camino. Termina con el padre corriendo, porque nunca dejó de esperar, ni siquiera cuando dolía esperar, ni cuando los vecinos ya habían perdido la cuenta de los días.
Yo no controlo la voluntad de nadie, porque también les di libertad a mis hijos. Pero sigo corriendo hacia cada uno que vuelve, y sigo trabajando en silencio en el corazón de quien todavía está lejos. Tu esperanza no es ingenuidad, es imitar mi manera de amar: con las puertas abiertas.