Palabra del Padre · Día 297/366

Agradecido por la casa que tengo

Al Músico principal: sobre Gittith: Salmo para los hijos de Coré. ¡CUÁN amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Codicia y aun ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová: mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.

Salmos 84:1-2

Tal vez tu casa no sea grande, tal vez el techo todavía tenga goteras, tal vez el barrio no sea el de tus sueños. Pero hoy quiero que mires esa casa con otros ojos: es refugio, es donde descansas, es donde tu familia se reúne en la noche, es donde las paredes guardan tus risas y hasta tus lágrimas.

Así como el alma del salmista desmayaba de tanto amor por los atrios del templo, quiero que aprendas a amar el espacio que hoy te abriga, aunque no sea perfecto. Una casa no necesita ser grande para ser sagrada; se vuelve sagrada por el cuidado que depositas en ella, por las oraciones hechas dentro de ella, por la familia que ahí se reúne.

Sigue soñando con la casa más grande, si ese es tu deseo, y yo camino contigo en ese sueño. Pero no dejes que la casa de los sueños te robe la gratitud por la casa de hoy. Cada techo que ya te ha abrigado hasta aquí fue provisión mía, aunque ni siquiera lo hayas notado.

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