Palabra del Padre · Día 304/366
El testimonio que dejo a los míos
“No los encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo.”
Salmos 78:4
Hoy quiero hacerte pensar en lo que tus hijos, o los niños que te rodean, ven en ti cuando la vida aprieta. Ellos notan si te quejas de todo o si agradeces incluso en lo difícil. Notan si hablas mal del día o si encuentras motivo de alabanza aun cansado.
El salmo habla de contar a las generaciones futuras las alabanzas del Señor, y eso no se hace solo con palabras — se hace con el ejemplo vivido delante de sus ojos. Un contentamiento genuino, visible en tu manera de vivir, enseña más teología sobre mí que cualquier sermón bien elaborado.
Hoy, piensa en lo que quieres que quede grabado en la memoria de quien observa tu vida de cerca. Que recuerden que agradecías, y no solo que te quejabas; que confiabas, y no solo que temías. Ese es uno de los mayores legados que puedes dejar: un testimonio de contentamiento que te sobrevive.