Palabra del Padre · Día 316/366

Cuando el cielo parece callado

Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio.

Salmos 22:2

Ya oraste tantas veces por lo mismo que perdiste la cuenta. A veces la oración se vuelve casi automática, porque la respuesta sigue sin llegar y la fe empieza a cansarse de esperar. Te preguntas si todavía te escucho.

Este salmo que acabas de leer lo escribió un hombre de fe, en medio de la angustia más real, pensando que el cielo estaba callado. Y aun así, ese mismo salmo termina en alabanza, porque en medio del clamor él siguió hablándome, aunque no sintiera respuesta inmediata.

No estoy sordo a tu petición. A veces mi respuesta es silencio porque el tiempo todavía no ha llegado; a veces es un “no” que solo cobra sentido después; a veces ya estoy actuando de una manera que todavía no has notado. Sigue clamando. La fe que persiste en el silencio es más fuerte que la fe que solo aparece cuando todo ya está resuelto.

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