Palabra del Padre · Día 211/366
Consuelo para quien llora de noche
“Porque un momento será su furor; mas en su voluntad está la vida: por la tarde durará el lloro, y á la mañana vendrá la alegría.”
Salmos 30:5
Yo conozco bien tus madrugadas silenciosas. El llanto que espera a que todos duerman para finalmente salir sin testigos, la almohada que ya sabe cosas que nadie más en el mundo sabe. La noche tiene esa forma extraña de hacer que todo pese más, sea más solitario, más difícil de sostener solo(a).
Yo nunca duermo, en ninguna de tus madrugadas. Mientras lloras en la oscuridad del cuarto, yo estoy despierto, escuchando cada sollozo con atención, guardando cada lágrima como si fuera preciosa, porque de hecho lo es para mí. Esa tristeza que aprieta ahora no es la palabra final de tu historia, solo un capítulo difícil de ella.
La mañana siempre llega, aunque la noche parezca no tener fin a la vista. No estoy prometiendo que mañana todo se resuelva por arte de magia de una vez. Estoy prometiendo que la alegría todavía va a visitarte de nuevo, con certeza, y que yo me quedo aquí, en vigilia constante, hasta que finalmente llegue.