Palabra del Padre · Día 95/366
En la debilidad, mi fuerza aparece
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo.”
2 Corintios 12:9
Te vi ayer pidiendo perdón por no poder con todo. Te exiges como si la debilidad fuera pecado, como si cansarte fuera fallarme, como si cada vez que la fuerza se acaba hubieras decepcionado a alguien, incluso a mí.
Hijo mío, hija mía, yo nunca pedí que fueras fuerte todo el tiempo. Dije que mi gracia basta justo donde eres débil, sin completar, sin terminar de hacerlo todo. Es ahí, en tu debilidad admitida sin vergüenza, donde mi poder encuentra espacio para actuar sin estorbo, sin disputar espacio con tu propia fuerza.
Deja de esconderme lo que no puedes lograr. Tráelo abierto, sin vergüenza, sin editar la versión de tu vida antes de mostrármela. Yo no vine a reforzar tu fuerza — vine a habitar tu debilidad y a hacer de ella el lugar donde más aparezco, ante los demás y ante ti mismo(a).