Palabra del Padre · Día 199/366
El cuerpo que también envejece
“Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes.”
Salmos 92:14
Noto la incomodidad de mirarte al espejo y ver un cuerpo diferente del que era antes, más lento, más adolorido, marcado por el tiempo que pasó o por la enfermedad que llegó. El mundo trata eso como pérdida de valor, como si la edad fuera motivo de vergüenza. Yo no pienso así, nunca lo pensé. Nunca medí tu valor por tu apariencia ni por tu fuerza física de antes.
Puedes envejecer, puedes enfermar, puedes cambiar por completo por fuera, y aun así seguir dando el fruto que de verdad importa: sabiduría acumulada, presencia tranquila, amor madurado por las experiencias, historias que solo quien las vivió de verdad puede contar. No descarto a quien ya no corre tan rápido como antes corría.
Cuido cada etapa de tu cuerpo con el mismo cariño de siempre, del primero al último día de tu vida. Donde hay dolor, te sostengo. Donde hay miedo a la decadencia, ofrezco mi presencia constante. Sigues floreciendo, aunque de un modo bien distinto del que imaginabas cuando eras más joven.