Palabra del Padre · Día 1/366
La coma, no el punto final
“Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”
Lamentaciones 3:22-23
Hijo mío, hija mía, yo sé lo que hiciste ayer. Sé de la palabra que hirió, de la decisión equivocada, del día en que juraste que no ibas a caer de nuevo y caíste de nuevo. Lo vi todo: el arrepentimiento tardío, la vergüenza que apretó tu pecho, las ganas de simplemente desaparecer por un tiempo. Y aun así, aquí estoy, abriendo esta mañana solo para ti, como si ayer no tuviera el poder final que tú imaginas que tiene.
Has estado poniendo punto final donde yo solo pongo coma. Cierras la puerta y dices: «ya no merezco más»; yo abro la ventana y digo: «ven, sigamos adelante». Mi misericordia no es un premio por buen comportamiento ni una medalla para quien nunca resbaló. Es el aire que respiro por ti cada día, de nuevo, sin cansarme, sin cobrar intereses por lo que ya pasó.
Hoy no se trata de borrar lo que sucedió ni de fingir que no dolió. Se trata de levantarte con la fuerza que te queda y caminar conmigo, un paso a la vez. Yo no miro hacia atrás para reprocharte nada. Miro hacia adelante y te llamo por tu nombre.