Palabra del Padre · Día 40/366

A las tres de la madrugada

En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me harás estar confiado.

Salmos 4:8

Te vi anoche, mirando el techo en la oscuridad, el corazón acelerado sin motivo aparente, la cabeza dando vueltas con pensamientos que de día ni siquiera aparecían. A las tres de la madrugada todo parece más grande y más amenazante de lo que realmente es —los problemas crecen en el silencio de la noche.

Mi hijo, mi hija, yo no duermo. Mientras luchas por cerrar los ojos, ya estoy cuidando de todo lo que te quita el sueño. Puedes entregar ese pensamiento que no deja de dar vueltas, esa lista de preocupaciones que insiste en visitarte justo a la hora en que más necesitas descansar.

La seguridad que trae el sueño no viene de resolverlo todo antes de dormir. Viene de saber que hay alguien despierto cuidándote mientras descansas. Déjame esta noche a mí. Yo sostengo lo que tu mente ya no logra sostener.

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