Palabra del Padre · Día 327/366

Cuando el sueño tardó demasiado

Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará.

Habacuc 2:3

Tuviste un sueño claro un día — un llamado, un proyecto, una visión de lo que tu vida podía ser. Y los años pasaron, y eso todavía no ha sucedido. A veces ni siquiera recuerdas el entusiasmo de cuando recibiste ese sueño por primera vez.

Habacuc también se quejó conmigo por la demora, y no me ofendió su sinceridad — le respondí con esta promesa: la visión tiene un tiempo determinado, que no es tu reloj ni tu calendario, pero tampoco es eterno. Sin duda vendrá.

No planté ese sueño en ti para frustrarte. Tal vez el tiempo de espera haya sido el tiempo de prepararte, de quitar del camino lo que iba a estorbarte, de madurar en ti el carácter necesario para sostener lo que está por venir. No te rindas ahora. Escribe de nuevo la visión, si hace falta, y sigue esperando con fe activa, no con resignación cansada.

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